Bombardeo de información

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La semana pasada luego de salir de la oficina caminaba por el centro de la ciudad y vi en el anaquel de la librería una novela que me llamó la atención por lo sugestivo de su título, sin embargo, por razones de tiempo no pude entrar a comprarla, por lo que recurrí a mi tableta electrónica y busqué en la tienda virtual si ese mismo libro lo podía encontrar en formato digital, pero fue imposible.

Lastimosamente el catálogo de textos en español aún es deficiente en tiendas electrónicas como Amazon, Apple Store y AndroidMarket; pese a ello conseguí un libro interesante y cuando lo comenté con mis amigos, dos de ellos me ofrecieron enviarme unas excelentes novelas en formato pdf (formato de documento portátil, por sus siglas en inglés).

Llegó el fin de semana y ahora tengo tres documentos electrónicos, lo cual representa más de 1200 páginas y cada vez que prendo mi tableta, me distraigo  con el correo electrónico, redes sociales o redactando algunas notas, con lo que hasta la fecha no he avanzado nada.

Y esto no es casualidad ya que una última encuesta publicada por Intel indica que el 60% de personas considera que en Internet se publica demasiada información, llegando en momentos a una sobrecarga de contenidos, dela cual la mayor parte es información no deseada o irrelevante.

Recuerdo como hace algunos años era una “deferencia” que alguien te envíe un correo electrónico o que te compartan una lectura, un pensamiento, una presentación de imágenes en Power Point, etc; a lo mejor amiga o amigo lector les suena conocida esta historia, pues de seguro tienen algún conocido desocupado que utiliza un alto porcentaje de su tiempo a enviarle información irrelevante y saturarle la bandeja de su correo electrónico con cadenas de oraciones, cursilerías o difamaciones políticas.

Otra situación que resulta molesta en esta sociedad 2.0 es el mal uso que muchas personas hacen de redes sociales como Facebook, pues si bien es cierto en los primeros años nos sirvió como una herramienta de conexión y de búsqueda de amigos que estaban en diferentes países del mundo. En estos días su concepto se ha desvirtuado y ha pasado a ser un muro de lamentos y de actualización de relaciones amorosas, volviéndose incluso hasta incómodo cada vez que tus “amigos” te etiquetan en informaciones intrascendentes o de mal gusto.

Claro que no todo es negativo en las redes sociales, por ejemplo Twitterconstituye una herramienta útil para informarse y lo bueno es que tú decides a quién seguir, así como es más  impersonal, por lo que si “dejas de seguir” a alguien, nadie se resentirá o se creará un conflicto familiar a diferencia de Facebook que es la plaza pública virtual.

Estoy seguro que cuando publique este artículo mi número de “amigos” de estas redes sociales disminuirá, pero seguro usted amigo lector también lo quería decir y no sabía cómo hacerlo.

Lo publiqué en Diario El Mercurio

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